Nuevos ejecutivos: de los “yuppies” al pragmatismo

La nueva generación de ejecutivos es productiva y recursiva. Sus armas son la tecnología, la facilidad para relacionarse y los idiomas.

Tienen un alto sentido estético, hablan dos y tres idiomas, y aunque siguen conservando algunos rasgos de los ejecutivos de antes, la nueva inversión de los líderes y gerentes tienen una nueva impronta que marca la diferencia: conocimiento de la tecnología.

La utilizan como arma, la disfrutan y la han incorporado a un nuevo estilo de vida, ese que ha convertido los sitios de trabajo en oficinas virtuales, donde lo importante es el cumplimiento de metas y objetivos.

Las “hormiguitas” que se lo pasaban en un cubículo, recibiendo palmaditas en la espalda de su jefe inmediato y que se regocijan con la frase de siempre “como eres de cumplido”, han sido sustituidos por jóvenes pragmáticos que ya no se vanaglorian de sus títulos en el exterior “porque esa es la regla y no la excepción”.

“Las empresas están buscando ejecutivos que tengan excelentes relaciones interpersonales, con un alto sentido de trabajo en equipo y dispuestos a compartir sus conocimientos”, afirma Doriana Faccini, gerente de Human Dimensions, quien señala que en los procesos de selección cada día cobran más importancia las competencias.

Los títulos, agrega, son importantes, pero el mercado laboral está buscando directivos que tengan habilidad para relacionarse y para formar equipos de trabajo eficientes, de alto desempeño y que en un momento determinado, uno de ellos lo pueda sustituir.

“No se necesitan egoístas como aquellos de antaño que se reservaban la información para aferrarse a su puesto”.

Aquellos tiempos en que lo importante era cumplir horarios de trabajo quedaron atrás. La globalización de la economía, la irrupción inevitable de la sociedad de la información y los cambios constantes de hábitos y costumbres de los clientes y consumidores, ha impuesto nuevas exigencias.

 

¿Qué buscan las empresas?

Las firmas modernas requieren innovadores, capaces de adaptarse al cambio. Más que reactivos, las empresas buscan proactivos, líderes con visión de futuro y con una alta vocación de servicio.

Según Iliana Páez, Directora del Centro de Liderazgo de la Facultad de Administración de Empresas de la Universidad Externado de Colombia, una de las características que se exige al ejecutivo moderno es la integridad. Directivos honestos, éticos y con sentido de responsabilidad social, es lo que está marcando la pauta.

Quienes en el pasado manejaban un discurso pero sus acciones iban por otra línea, dieron paso a la generación de los coherentes que enseñan con el ejemplo y que son conscientes de la importancia de la inteligencia emocional como factor de productividad y competitividad.

Páez indica que lo que se está percibiendo es que el mercado busca directivos con capacidades estratégicas, una clara orientación hacia los resultados, que sean excelentes comunicadores y que tengan la capacidad de saber crear y desarrollar equipos de trabajo.

No bastan los títulos de Harvard, fortaleza con la que creían contar los “yuppies” de la década de los 80 y principios de los 90, sino la efectividad de los mismos.

“La regla de oro es calidad, antes que cantidad”, subraya un consultor de Human Capital Consulting, firma especializada en remuneración y compensación.

 

Teletrabajo

Los patrones de vida y las condiciones laborales son diferentes. Trabajan desde la casa o desde una finca de recreo, utilizan celular de última generación, la agenda electrónica y el portátil son infaltables.

Es más: muchas de las reuniones son virtuales, lo que ha dado lugar a lo que los futurólogos llaman el “teletrabajo”.

Muchas empresas en el país - afirma la gerente de Human Dimensions- prefieren que sus directivos permanezcan fuera de la oficina. “La modalidad no es comprar horas de trabajo sino resultados”, señala la especialista, tras indicar que esta también es una forma de retener a los buenos ejecutivos.

Un paradigma que se generalizó a finales de la década de los 80 y principios de los 90 fue que las mejores opciones laborales las tenían los jóvenes y que después de los 30 ó 33 años ya estaba fuera del mercado. La experiencia cuenta, dice Faccini, y además las empresas la valoran.

Quizás esa situación se presentó por el boom de reformas que se presentaron tras la apertura económica.

Con los ajustes a las leyes laborales y pensionales muchas compañías creyeron que contratar personas de edad implicaba sobrecostos en la estructura financiera de las empresas por estar más cerca de la jubilación. Pero el mercado ya decantó los ajustes y el mito del “viejo a los 35 ó 40” está superado.

 

Artículo publicado en Elempleo.com

Octubre 24, 2005

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